Cual cóndor que majestuoso volara de cumbre en cumbre, o astro que con su lumbre iluminara radioso, Gardel paseó venturoso por ambos mundos su fama; y si el público lo aclama es porque tiene valor ese máximo cantor que zorzal criollo se llama.
Digo se llama zorzal, y creo hablar con acierto, porque para mí no ha muerto el gran cantor nacional; que nunca encontró un rival en su trillado camino; nos lo arrebató el destino porque le llegó su hora, mas la virtud se atesora del rey del tango argentino.
¡Cómo he de creer que ha muerto siendo que sigue cantando, y a todo el mundo asombrando con su mágico concierto! Que ya no produce, es cierto, pero que ha muerto, es mentira; sigue el compás de su lira cantando sus producciones que el público tanto admira.
Mientras haya del zorzal un solo disco grabado seguirá siendo admirado ese canto magistral; con que el artista genial nos conmueve y nos asombra; mientras su gallarda sombra en “Cuesta Abajo” se exhiba; él, será la siempreviva que hoy con cariño se nombra.
Hacia la gloria. Si bien en sus gorjeos peregrinos modulaba las notas de un zorzal, en el Arte era un águila real cautiva en los hogares argentinos.
Estaba aprisionado en los caminos, pequeño era el espacio terrenal, ansiaba ser un ave sideral y en las alturas modular sus trinos.
Entonces quiso abandonar la jaula donde no pudo desplegar el ala del ave ansiosa que existía en él.
Propicio era el espacio. En la victoria más amplitud le ofreció la gloria, con ella, entonces, se marchó Gardel!